
Cada vez con menos sorpresa aparecen voces que proclaman su propia ateidad, como una masa subterránea. Nihilismo efervescente y en ascenso.
No está malo, sobretodo luego de que Dios se ha quedado dormido dejándonos morir de influenza porcina, de maremotos, de pobreza, de hambre, de cáncer, de falta de medicamentos, de imposibilitarnos encontrar la cura para el SIDA.
Y mientras tanto, cada vez son más los homosexuales se animan a vivir la vida desde esa verdad, y las familias se atreven más a denunciar a los curas pedófilos, y éstos, a su vez, se lanzan a cantar reguetón, y andan de arrumacos en Miami Beach, o bien han convertido sus templos en empresas que reditúan al punto en que un Pastor recibe de una comunidad modesta, una camioneta como regalo de cumpleaños, porque él aún es quien les enseñará a llegar al paraíso.
No sé por qué, pero no tiendo a culpar a Dios por lo que no me resulta, ni me acuerdo de agradecerle lo que he conseguido a fuerza de mi propio empeño. Lo que no me ha resultado es porque no he hecho suficiente, o no he sabido suficiente, o porque de quien ha dependido no hubo suficiente de esto o lo otro, y no porque el Master of Puppets lo haya impedido. Y al revés, Dios no me quitó el cansancio, ni el ardor en los ojos en la mañana, ni el dolor de espalda, ni me secó las lágrimas, o me dió consuelo, como tampoco me recompensó por haber pasado por eso [fuck armageddon this is hell].
Muchas veces le pedí que ante mi duda, confirmara su existencia, pero no lo he visto asomar, y como no tiene buzón de voz, no espero que me devuelva la llamada, porque hasta ahora, cada vez que marco, el mensaje dice “este número no tiene teléfono”.
¿Si lo digo desde la rabia? ¡Por supuesto! ¿Quién no hubiera querido un amigo imaginario que te concediera deseos de verdad?, o que al menos te sacara de un apuro, cuando te faltaron 5 lucas.
Y este sentir, yo creo, que está empezando a masificarse, de a poco, y si es exponencial, o logarítmico al menos, como lo fue convertir al mundo en una aldea cristiana, un día no muy lejano, tendremos el rito religioso convertido en un espectáculo histórico. Lo veremos tal como vemos la tradición religiosa griega, romana, maya, mapuche, etcéteras, etcéteras…
Y ese es el futuro que le veo a Dios, o los Dioses de los últimos milenos, yo creo que me irá mejor a mí.